Cuando el núcleo se fisiona libera infinidad de neutrones que, a base de disparar mucho, acaban impactando contra algún que otro núcleo vecino. Este nuevo núcleo hará lo propio con sus neutrones, iniciándose así una reacción en cadena de difícil contención. Algo similar es lo que ha ocurrido este último año en nuestra sociedad, a un núcleo atómico aparentemente pasivo le dio por convulsionarse la mañana del 15 de Mayo, provocando en sus inmediaciones una terrible conmoción. La metáfora no da para más, pero creo que ha quedado claro. Hace unos meses se inició en la capital española un movimiento social de inusuales dimensiones, conocido con el poco expresivo nombre de 15M, que ha revolucionado a la población políticamente activa y tomado todas las redes sociales. Pero esto ya lo tenemos muy visto, al menos por esta latitud, lo curioso es que al igual que el núcleo que explosiona a escala subatómica, el grito pacífico de los españoles actuó de igual forma a escala mundial. Impulsado y estimulado por redes sociales como Twitter, pronto alcanzó las ciudades más próximas y contagió las mentes de la juventud europea. Y no solo eso, de igual forma sirvió como apoyo a las revoluciones de la Primavera Árabe, si bien no tenían los mismos objetivos. Esta reacción en cadena queda reflejada en innumerables hashtags y tweets: @MarchaIndignada,  @ArabRevolution,  #spanishrevolution, #frenchrevolution, y un largo y revolucionario etcétera. El movimiento se hizo de esperar antes de contagiar al gigante estadounidense, sin embargo, cuando las ideas de renovación democrática se unieron al sentimiento de repulsión hacia la banca, originado obviamente por la alargada crisis capitalista, algún engranaje debió de activarse en la mentalidad norteamericana. Durante este verano se ha estado gestando en las cabecitas de diversos activistas la idea de una revolución pacífica a gran escala y ha sido en la cosmopolita ciudad de Nueva York donde este pensamiento ha comenzado a dar sus frutos.

Todo comienza con las palabras de la revista Adbusters, boletín de una organización dedicada a criticar la filosofía consumista y la mala praxis de los medios de comunicación. En las páginas de la revista se convocaba un gran evento multitudinario fechado para el 17 de Septiembre. Su objetivo estaba inspirado en las revueltas pacíficas y las ocupaciones de lugares públicos en otros países, como Egipto, Grecia o España, y consistía en tomar el distrito financiero de Wall Street en Nueva York, acampar en el durante un tiempo indefinido y resistir hasta obligar a las autoridades políticas a ceder a sus demandas.
Pero los neoyorkinos necesitaban una coordinación con una relativa experiencia, fue la Asamblea General de Nueva York (NYCGA) la asociación que se encargó de la planificar la iniciativa. Como era de esperar la idea no caló tan hondo en las mentes norteamericanas como lo hizo en las españolas o egipcias, parece ser que a los estadounidenses les cuesta más echarse a las calles. No obstante, llegó el 17 de Septiembre y cientos de indignados se encontraron a las puertas del centro financiero de EEUU, la cifra oscila entre los 1000 y 1500 dependiendo de la fuente. Una congregación que supera las expectativas de los creadores del movimiento y que crece lenta pero continuamente.

Les estaban esperando, horas antes de que la masa de gente se reuniese, Wall Street ya estaba preparado para un asalto digno de Numancia. Obviamente éste no llegó a producirse, si bien la tensión podía cortarse con el borde de un folio, los manifestantes mantuvieron su ideal de pacifismo y se quedaron a las puertas del distrito. Un gran dispositivo policial había cerrado todos los accesos y tras varios intentos fallidos de entrar en Wall Street la indignada multitud se plantó en Zucotti Park, un parque cercano a su objetivo, con la intención de presionar desde fuera y aguantar todo lo posible. Pero esta solución improvisada no es ni mucho menos el mayor arma del movimiento, y es que esta clase de ideas suele llamar la atención de un grupo mucho más particular.

“Expect us”, o espéranos, este es un fragmento del característico y cada vez más famoso lema de Anonymous.   

 El conocimiento es una árbol "Somos Anonymous. Somos Legión. No olvidamos. No perdonamos. Esperadnos."













Anonymous es una asociación descentralizada formada por toda clase de usuarios de la red, informáticos experimentados en su mayoría, denominados como hacktivistas por sus múltiples ataques informáticos a las instituciones que consideran enemigas de sus ideales. Esta organización merece una entrada aparte para poder explicar lo que en realidad representa, puesto que sus acciones y metodología no pueden ser resumidas en tan pocas líneas. Lo importante en esta ocasión, es su relación con el movimiento Occupy Wall Street, tan pronto como la convocatoria de la revista Adbusters se organizó, Anonymous declaró públicamente su intención de apoyar la iniciativa. En poco tiempo el movimiento contaba con una página web (http://occupywallst.org) y se armaba de un ejército de hackers de un gran potencial, demostrado anteriormente en otros ataques piratas de Anonymous. Cientos de usuarios han lanzado a la red videos, imágenes y mensajes revolucionarios bajo la cobertura del anonimato. En estos mensajes se han previsto nuevos asaltos informáticos, esta vez dirigidos a la página de la Bolsa de Nueva York (NYSE). Ésta es una afirmación realmente seria, si se trata de un bloqueo temporal del servicio de la web no representaría un problema insalvable, pero  si realmente pretenden interrumpir todas las transacciones vía Internet que la NYSE mantiene diariamente el efecto sería devastador para la Bolsa Neoyorkina,  de modo que los agentes del FBI ya investigan cuanto de cierto hay en estas afirmaciones. De cualquier forma, Anonymous ha asegurado que durante este mes se producirá un ataque informático contra la página en cuestión que la eliminará por completo de la red.

“El 10 de Octubre de 2011 la página web de la NYSE desaparecerá de Internet”.Anonymous

En el puente de Brooklyn se produjo este fin de semana la confrontación más grave hasta el momento entre los manifestantes y los agentes de seguridad. La marcha solidaria fue prevista para cruzar el puente de Brooklyn con el objetivo principal de “molestar”, dificultando el tráfico y generando atascos en el puente. Sin embargo la intervención policial consiguió que la carretera no se saturase demasiado e instó a los manifestantes a no caminar por la calzada. No obstante, y como era de esperar, muchos de los indignados optaron por seguir con el plan, enfrentándose a los agentes. 

La marcha terminó con casi 700 detenidos, según las declaraciones de la policía neoyorkina, de los cuales la gran mayoría están en libertad con cargos a día de hoy. Muchos han acabado con una citación judicial por delitos como escándalo público u obstaculización del tráfico. La mayor parte de los arrestos se realizaron entorno a la mitad de la marcha, cuando los agentes cercaron a un grupo de manifestantes aislándolos del resto, éstos trataron de reincorporarse a la marcha rompiendo el cordón policial y es entonces cuando fueron detenidos por los policías. No han tardado en surgir críticas contra la acción de los agentes, algunos manifestantes aseguran que la policía golpeaba a los detenidos y que, a pesar de que sus órdenes eran evitar la saturación del tráfico, muchos miembros del cuerpo les obligaron indirectamente a caminar por la calzada para así poder detenerles. Ninguna de estas afirmaciones ha sido probada, más allá de videos colgados en YouTube y algunas declaraciones de testigos, pero todo contribuye a aumentar la tensión ya existente entre las fuerzas de seguridad y los manifestantes. Este arresto masivo en el Puente de Brooklyn no ha pasado inadvertido para los ciudadanos que simpatizan con el movimiento, el lunes siguiente al suceso cientos de personas se citaron frente al Ayuntamiento de la ciudad para protestar por la manera de actuar de la policía y expresar su sentimiento de engaño.
"La manera cómo actuaron las fuerzas de seguridad contra lo que era una simple demostración pacífica de los ciudadanos provocó una tremenda simpatía hacia este grupo"The New York Times




Como la pólvora, no existe mejor símil para referirse a la propagación de las ideas revolucionarias por el territorio estadounidense. En menos de una semana las ciudades de Washington, Chicago, Los Ángeles o Seattle, entre otras, se han visto contagiadas por las ideas revolucionarias de Occupy Wall Street. El 7 de Octubre se organizó en la capital del país una nueva manifestación, réplica de los movimientos neoyorkinos, que exigía una democracia participativa y un mayor control sobre las actividades financieras de los mercados. La manifestación avanzó por diversos puntos simbólicos de la ciudad hasta plantarse en la plaza de la Libertad, cercana a la Casa Blanca, donde pretenden establecer un campamento al estilo del movimiento 15M en España o la base de Occupy Wall Street en Zucotti Park, Nueva York. Marchas similares se han producido en otras ciudades importantes, en Filadelfia por ejemplo, centenares de ciudadanos se citaron a las puertas de la Iglesia Unidad de Arch Street bajo el nombre de Occupy Philadelphia. También existe un Occupy L.A., en esta ocasión fueron miles de personas de Los Ángeles las que se reunieron entorno a su ayuntamiento para expresar su disconformidad con el sistema económico imperante y su simpatía hacia los indignados de Wall Street.


¿Llega la caballería? Llegados a este punto, los miles de componentes de Occupy Wall Street tienen ahora la peligrosa oportunidad de recibir apoyo profesional. Y es que los grupos sindicalistas de Nueva York se han percatado de que tienen muchos objetivos comunes con los manifestantes. Contar con los sindicatos sería un avance importantísimo y podría ser la oportunidad idónea para empuñar un arma realmente eficaz contra los “enemigos” del movimiento. Sin embargo, no cabe ninguna duda de que ésta sería un arma de doble filo. Desgraciadamente los sindicatos no se movilizan por los derechos y oportunidades del trabajador, en su sentido más amplio, sino por las oportunidades de sus trabajadores, es decir, los de aquellas empresas que estén sindicalizadas. Las exigencias de los “invasores” de Wall Street son, entre muchas otras, la imposición de un salario mínimo y digno para los empleados, muchos creen que esta es una forma eficaz de reformar la economía nacional para bien, nada más lejos de la realidad. Esta medida aumentaría de forma considerable el paro, puesto que al tener que pagar más por sus empleados los empresarios contratarían menos e intentarían seleccionar a los más formados y experimentados. Aquí es donde tienen los sindicatos su mayor interés, ya que esos trabajadores formados y experimentados son precisamente los miembros sindicalizados, es decir, que aunque aumentase la cifra de parados sin formación también aumentaría la contratación de trabajadores altamente calificados, de los cuales la gran mayoría pertenecen a los sindicatos. Es una decisión peligrosa y no está claro que la organización del movimiento, que no cuenta con ninguna cúpula de mandatarios, sea capaz de tomar la elección acertada. No se puede confiar en que los sindicatos luchen al lado de los indignados por sus mismos ideales, pero si utilizan ese apoyo profesional sin dejar que los sindicatos les utilicen a ellos, estarían mucho más cerca de lograr sus objetivos. Al fin y al cabo es tristemente cierto que lo realmente necesario para que un proyecto triunfe es la unión de los intereses de todos sus componentes.
“El interés compuesto es la fuerza más potente de la naturaleza”
Albert Einstein



Occupy Wall Street avanza lenta pero continuamente por las calles de Nueva York, por las infinitas redes sociales y  por las mentes de todas las personas que se sienten ahora engañadas por el sistema que sus antepasados construyeron. Su avance es inexorable y su objetivo aparentemente inexpugnable, pero puesto que nuestra sociedad constituye los cimientos de nuestra economía, basta con detonar un pilar de sujeción y toda la estructura se vendrá abajo. Estos movimientos caminan sobre un campo de minas, vivimos la mayor crisis del capitalismo hasta la fecha, la tensión entre los países aumenta y la gente se rebela contra una situación que consideran injusta e impuesta desde arriba. Esta es la receta de un cóctel inflamable que por desgracia ya conocemos bien, los ingredientes adecuados para acercarnos cada vez más al estallido de una nueva gran catástrofe, sin embargo, esta vez existe una diferencia. Miles de personas se manifiestan, de nuevo, se indignan, de nuevo, y de nuevo reclaman lo que les pertenece por derecho, pero esta vez no hay piedras en sus manos ni rabia en sus ojos, sino la férrea y potente determinación de cambiar las cosas mediante la palabra, mediante la verdad y la no violencia. Quizá este movimiento no cambie el mundo, como aseguran sus adeptos, pero creo firmemente en que cambiará la forma en que lo vemos.



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