Los términos del contrato, vía LaInformación.com
Éste es el grito, o el hashtag, con el que se ha rebelado la comunidad de periodistas en España. Desde hace ya varios años se viene dando una situación que, casi clandestinamente, se ha establecido como una preocupante realidad. Son muchos los periodistas que se han visto obligados a aceptar ofertas que rozan lo disparatado, presionados por la dificultad de encontrar un empleo seguro y por la omnisciente crisis económica. Por ejemplo, cobrar 0’75 euros por artículo escrito, por supuesto con un mínimo de 800 caracteres. Aunque suene surrealista resulta que es uno de los casos más leves, aunque el primero que se ha denunciado públicamente. A raíz de esta denuncia, la Asociación de Prensa de Madrid lanzó en Twitter su protesta particular con el hashtag “#gratisnotrabajo”, al que se han sumado miles de periodistas que denuncian una situación similar o que simplemente quieren manifestarse en contra de esta degradación de su oficio. Aunque este caso en particular se ha hecho eco en la red (es obvio que si te metes con periodistas no puedes esperar que quede en secreto) existen infinidad más de ofertas de trabajo absurdas e ilegales para cualquier otra profesión. Éste es, por desgracia, un efecto inherente a las dificultades económicas. Esta clase de “estrategia” empresarial no funcionaría en tiempos de bonanza pero pueden suponer una importante suma de mano de obra barata durante una crisis. Lo preocupante de estos contratos basura en periodismo, es que suelen ir acompañados de una devaluación de la profesión. No es periodismo lo que se intenta conseguir con estas ofertas, sino publicidad barata y efectiva. Cada periodista tiene su firma y sus seguidores, si consigues que ese periodista escriba sobre lo maravilloso de tu producto (o lo que sea) consigues publicidad efectiva por 75 tristes céntimos. Esto es mucho más peligroso de lo que a priori pueda parecer, si la publicidad envenena más aún al periodismo comenzará a amenazar la libertad de prensa como la conocemos y con ello, a nuestra ya deteriorada libertad de expresión.



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